Waldo escribe postales a su madre explicándole que es feliz con su nuevo trabajo: mantener a raya un water público.
Para él es una oportunidad de vivir en paz, lejos del olor que se respira en el mundo. Allí dentro, se reinventa a cada instante y transforma su realidad jugando e insuflando vida a los objetos que lo rodean, dotándolos de alma.
Waldo siempre da un rodeo para superar las trampas de cada día, se sube las mangas y barre y limpia sin manías. No habla, pero tiene una cosa muy clara: «si no hay un motivo evidente de inquietud, la mejor actitud es la indiferencia ante el escape del tiempo».
Un espectáculo totalmente visual. Sin hablar. Apto para público multilingüe o con problemas auditivos.